
Aquel día miré las estrellas por un momento que me pareció eterno… Todo ruido se estrelló en la lejanía, toda vibración entró por mi cuerpo. Me hice una con el mundo y con la tierra. Me hice una semilla y entré nuevamente al corazón de mi madre, me hundí en sus raíces y allí sepulte mi alma, mi espíritu envenenado… Detoné cada parte de mi ser, exploté mis sentidos y sensaciones, cure mi sentimientos y lloré mis dolores, abandone los temores. Renací en un cerezo como envuelta en seda, como en un capullo de primavera; Me bañe en rayos de alegría y de a poco surgió mi vida… Mi primera visión fue dulce y melancólica; Era una mano tendida en la hierba, era una ilusión caída, una llama apagada, una risa silenciada…
- Como duele…
¿Cómo duele que? Yo no veía nada, nada malo… Todo era vida a mi alrededor, todo era un despertar anhelado, una energía interior que me llenaba, todo era…
- Quiero…
Una niña que lloraba, que lloraba de la manera más amarga y melancólica que jamás había visto. Su dolor me llegaba, jamás había sentido algo así, su dolor me atravesaba…
- Quiero morir
¿Morir? ¿Cómo que quieres morir? Si tienes tanta belleza a tu alrededor, tanta armonía… Las aves se comunican con su cantar, la luz atraviesa montañas y valles, la lluvia te empapa de vitalidad y energía, la vida está en todas partes; en las flores, tierra, piedra, cielo, todo entrega su vibración y ocupa un espacio en este mundo, todo entrega su presencia y es vida…
- ¡Quiero morir!
La niña lloró aún más fuerte hasta desencadenar su pena en un grito ahogado por las lágrimas, un grito desgarrador y desolado, un grito que me hizo llorar, que me partió el alma en dos y luego trizó los pedazos. Esa persona sufría…
Su figura corrió por el verde campo y su sombra se reflejaba en la hierba con toda desenvoltura y dolor, toda su expresión y desesperanza estaban reflejados en aquella sombra…
- ¡No lo hagas!, grité desesperada, casi ahogada, mutilada por sus sentimientos…
- ¡No lo hagas por favor!, grité nuevamente ya sin razón ni cordura, sin entender nada, solo queriendo una cosa, solo queriendo salvarla…
La chica se detuvo en medio de su agonía y locura para girar un poco su rostro hacia un cerezo, como si estuviese hablándole, como si aquel indefenso e insignificante ser le hubiese rogado que se detuviese… ¿Me miraba acaso ahora?
Se acercó lentamente a mis flores y toco cada uno de mis pétalos con brusquedad, toscamente, casi como si quisiera arrancarlos. Tenía una mirada llena de rencor, llena de odio, odio contra todo y nada, odio contra la vida misma…
Intenté pararla, me dolía… Me dolía profundamente, más que sus acciones, la mirada y el rencor con que las realizaba. De pronto se detuvo de una manera casi instantánea y sorprendida, se paró en seco y me observó de la manera más abarcadora y profunda que nadie nunca había hecho. Recorrió detenidamente mis ramas y mi follaje, sintió mi savia como su sangre, se extasió con el color de mis flores, sintió mi fragancia en cada partícula de su cuerpo, lloró cuando una de mis hojas se fue con el viento…
Allí estaba yo, más viva que nunca reflejada en un cerezo, rodeada de aromas, sensaciones, dolores, alegrías… Al volver en mí era una persona distinta. Ese dolor que me carcomía por dentro ahora me hacía sentir tan viva, era un sentimiento que sin espíritu ni energía no podría experimentar. Sin embargo, todo lo que había llorado anteriormente, toda pena, angustia, todo llanto desenfrenado no fue nada comparado con las lágrimas de alegría que ahora caían sin cesar bajo mis ojos al ver mi vida llena de belleza inquebrantable… Al ver mi esencia y mi verdadera existencia en aquel cerezo…
Furansesuka.

